Bajo la perseguidora mirada de los objetivos el expresidente se metió en la cabina y cerró la cortina. Buscó en el bolsillo interior de la chaqueta y sacó el voto que había traído preparado desde casa. Cuando volvió a abrir la cortina el ayudante del cámara encendió el foco. El expresidente miró a los periodistas y les dedicó una de sus afables sonrisas en las que no despegaba los labios y no enseñaba ni un diente. Cuando llegó su turno en la urna, el vecino de su barrio al que le había tocado estar allí esa mañana le pidió el carné y dijo su nombre en voz alta, entonces el primer vocal retiró el sobre que tapaba la rendija de las urnas para que introdujera su voto: primero el sobre blanco, luego el salmón. En ese momento el expresidente pronunció la frase que iba a ser tuiteada al instante “que haya suerte” dijo levantando más aún su triangular ceja izquierda. Inmediatamente después se apagó el foco y cesaron los flashes. Él se dio media vuelta y suspirando aliviado pensó “unidos, podremos”.