Llega a casa, descuelga el teléfono y apaga el móvil. Se descalza, se desabrocha la camisa y en la cocina descorcha una botella de vino tinto. Lo sirve en una copa y da el primer sorbo mientras se deshace el moño con la mano izquierda. Corta un poco de queso curado y lo sirve en un plato. Se dirige al salón con su pequeño manjar en las manos y enciende la luz de la lámpara. Se tumba en el sofá con los pies en alto. La emoción la inunda desde el estómago hasta la cabeza. ¡Al fin sola! Su marido está de viaje y los niños… los niños ya son grandes. Abre el libro por donde señala el marcapáginas y vuelve a dar un sorbo a la copa. Se prepara para seguir con la historia donde la dejó días atrás. Se deja agarrar de la mano para saltar a lo más profundo de su imaginación. La casa ya se ha empezado a llenar de personajes y de historias. Sin paracaídas y sin alas se siente preparada para volar. Así es como se pone ella en modo avión.