1. Haber sido nombrado a dedo. Como no querrás que se note mucho para que los que antes eran tus compañeros no desconfíen de ti, dirás frases como: “se lo iban a proponer a otros compañeros, pero al final se decidieron por mí” o “como llevo tantos años en la empresa, mejor yo que cualquier otro que no sepa de lo que va esto” o “me costó mucho aceptar el puesto, tuve que pensarlo varios días”.

2. Hacer saber a los demás que eres el jefe. Que no te baste con que lo ponga en tu contrato y con que se note en tu nómina. No. Recuerda recalcar que eres el jefe continuamente. Por ejemplo, cuando mandes a hacer a un empleado algo que en el fondo sabes que no es lo mejor y él haga preguntas a las que no tienes por qué responder di algo del tipo “pues lo haces porque lo digo yo, que para algo soy el jefe”.

3. Nunca permitas que un empleado cuestione tus decisiones, no dejes que sea creativo, ni que desarrolle su imaginación, ni que haga buenas propuestas de mejora. Pasa de ese rollo de que los jefes tienen que rodearse de personas que sepan más que ellos. Lo mejor es que los empleados no propongan, no hagan críticas (ni constructivas, que la cosa se te puede ir de las manos), con que acaten órdenes es suficiente. No los dejes pensar. Pensar es algo muy peligroso.

4. Al hilo de lo anterior, recuerda que las mejores ideas las tienes tú. Si alguno de tus empleados tiene una buena idea, aduéñate de ella. Ya sabes, a fuerza de repetir una mentira, esta llegará a convertirse en verdad. Dile al señor director que se te ha ocurrido a ti, y en la próxima reunión general hasta podrías inventar alguna pequeña historia de cómo te vino a la mente tan genial idea.

5. Si por casualidad a algún miembro de tu equipo se le ocurriese poner en duda alguna de tus órdenes o alguna de esas cosas que se han hecho de toda la vida, intenta no dejar que abra la boca, y menos delante de los demás. Dile que se calle, que no te replique, que ni se le ocurra contestarte. Con esto, no lo dudes, harás que te respete y seguirás siendo un ejemplo de autoridad.

6. Usa el lenguaje no sexista. Cuando entres por la puerta da los buenos días a todos y a todas, saluda siempre a tus compañeros y compañeras y manda recuerdos a los hijos e hijas. Con esta regla conseguirás que más de uno de tus empleados deje de creer que eres un machista.

7. Cuando hagas entrevistas porque se ha abierto alguna vacante nueva en la empresa intenta dar los mínimos detalles del puesto. No hables claramente de la duración de la jornada laboral, haz saber al candidato que alguien que echa muchas horas es alguien implicado, alaba su currículum y miéntele diciéndole que pondrá en práctica sus grandes cualidades en tu empresa. Del sueldo y de las vacaciones no le comentes nada, espera a ver si te lo pregunta. Por supuesto, si lo hace, ya sabes que se trata de alguien que no quiere trabajar. ¡Qué indeseable es esa gente que quiere conocer sus deberes y sus derechos antes de firmar un contrato!

8. Haz creer a tus empleados que eres su amigo. Vete a desayunar con ellos y cuéntales alguna intimidad como, por ejemplo, que desde que nació tu hijo pequeño tu mujer ya no tiene tantas ganas de acostarse contigo, que no llevas nada bien la situación, que malditas hormonas, que menudo rollo eso de que sus tetas ahora solo sean para el bebé. Con confesiones de este tipo los despistarás y los muy tontos hasta intentarán justificar por qué eres un cretino. Por supuesto, cuando termines el desayuno, diles adiós a todos y a todas.

9. Recuerda constantemente a tus empleados que esas cosas que se llevan haciendo toda la vida en la empresa, se hacen por algo. Porque son lo mejor, porque así funciona todo muy bien… Invéntate lo que quieras. Recuerda que cuanto más normalizadas estén las peores situaciones, cuanto más las acepten todos, menos se atreverán esas voces incómodas a decir que algo les parece mal. No lo olvides: que tus empleados piensen es una muy mala señal.

10. Si alguno de tus desagradecidos empleados te dice algún día que se va de la empresa porque ha encontrado algo mejor o porque quiere hacer su sueño realidad, ponle buena cara, sonríe y dile lo valiente que es. Cuídate de que no se te note el odio, el rencor, la envidia…Ya te encargarás de hacerle un infierno sus últimos días de trabajo, de darle los peores turnos, de gritarle cada vez que tengas oportunidad, de mandarle a callar de manera déspota… Y su último día no le estreches la mano, no le des dos besos, no le desees lo mejor. Ese ingrato no se merece ni que lo mires a la cara. Dile adiós como si lo fueras a ver al día siguiente, como mucho ponle la mano en el hombro, después de lo que ha hecho no se merece nada más.

Nota: El jefe, por supuesto, también puede ser jefa.