Hacía tiempo que Natasha venía pensando en su monitor de aerobic. Que si Paco p’aquí, que si Paco p’allá. Que si cómo me habla, que si cómo me mira, que si es un bombón y, además, es sensible, adulto, comprensivo y me escucha todo lo que me pasa con mi novio y encima me aconseja. Todo eso era lo que le contaba a sus amigas. Y así, poco a poco, Natasha fue pensando más en Paco que en cualquier otra persona. Hasta el punto en el que decidió dejar a su novio a los cuatro años de relación. El novio con el que había estado desde la adolescencia hasta ahora, que acababa de entrar en la universidad. Ay… Natasha… ¡qué mala idea has tenido al enamorarte de Paco! Pero eso, Natasha, no lo supo hasta hoy.

Salieron del gimnasio y él la invitó a un café. Y a puntito estuvo ella, en la inocencia de sus dieciocho, de declarársele. No le faltó nada, pocos segundo. Él se ofreció a acompañarla al metro y justo cuando iban bajando las escaleras de la estación, apareció Raul, el novio de Paco, y le espetó un beso en la boca.

Ay… Natasha… ¡qué mala idea has tenido al enamorarte de Paco!