Quemarlo y dejar que te estalle entre las manos. Dejar que te salpique agua salada en la cara y que te haga despertar.

Quemar el verano sin saber lo que te va a traer el resto del año. Quemar el verano porque te pasaste el invierno y la primavera estudiando unas oposiciones para las que no conseguiste plaza a pesar de haber sacado la mejor nota. Empezarlo con las hogueras de San Juan como un recuerdo de tu infancia. Quemarlo porque para ti, que fuiste niño de posguerra, es un disfrute que las playas se llenen solo para saborear la vida. Dejar que el verano te queme por dentro, pero no por fuera, porque es la primera vez que llevas a tu hijo a la playa y ves cómo juega con la arena negra. Incendiarte por dentro por ese amor de agosto que parece eterno. Quemar el verano porque tuviste el valor de divorciarte de tu novio de toda la vida. Sudar gota a gota el mes de julio porque este año vas a ganar el tour. Sentirlo al máximo porque no solo por un cáncer te quitan un pecho. Quemar el verano de playa en playa, de fiesta en fiesta, respirando las cenizas que dejan en el aire las resacas. Dejar que el sol te incendie el corazón cuando encuentres a tu primer amor en medio de Lyon. Quemarlo con la cerveza refrescándote las venas. Dejar que el verano te llene los oídos de carcajadas, de alegría. Quemarlo porque septiembre te va a devolver a un trabajo que odias. Disfrutarlo al máximo porque no sabes si Pierre va a tener el valor de venir contigo a Barcelona. Quemar el verano porque, quién sabe, a lo mejor vuelves a Alemania en octubre para seguir viviendo el sueño de los nuevos exiliados. Dejar que la sal te penetre cada poro porque vas a tener que volver a Madrid para dejar que tus vecinos se cuelen en tus sueños. Quemar el verano porque aún tienes amigos que te acompañan a cumplir deseos. Dejar que el verano tiña de cordura las locuras que cometes porque no has superado la muerte de tu madre.

Quemarlo porque a lo peor no hay otro, porque la intensidad te hace sentirte vivo. Quemarlo con la secreta esperanza de poder quemar también el otoño.

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