No puede ser que siempre paguemos el pato los mismos. Incluso en el sindicato intentan convencernos de que esta nueva medida es la mejor para el gremio y de que saldremos ganando todos: nosotros y la gente de aquí, que así, si bebe, no pagará la multa de tráfico. Sí, hombre, venga ya.

Encima hoy, Paco, mi colega y mi amigo desde hace más de veinte años, me suelta que soy un bruto, que no veo el beneficio, que me obceco y no quiero ir más allá de mis narices. “Mis narices no, mis cojones”, le he dicho yo. “Si es que estás gilipollas, Paco. Pero, tío, vamos a ver, ¿tú no entiendes que quieren que bajemos la carrera un 20%? ¡Un 20%! Claro, al ayuntamiento se  le llena la boca diciendo que así tendremos más clientes, que no daremos abasto estos días, que no habrá problemas de aparcamiento. Pero vamos a ver, ¿es que a mí me van a bajar un 20% la gasolina?, ¿me van a bajar un 20% el impuesto de rodaje?, ¿a mí me van a descontar el 20% en el autolavado cuando vaya a limpiar el taxi de los vómitos de alguna niña pija? ¡Pues no! Ni a mí, ni a ti, ni a ninguno, Paco, a ver si te enteras que pareces imbécil”.

Y es que yo a Paco lo quiero como a un hermano, pero cuando se pone a defender lo que no tiene ni pies ni cabeza me dan ganas de pegarle dos hostias y mandarlo al carajo.

Pues, como no tenía suficiente con enfadarme con Paco, cuando llego a mi casa me suelta mi mujer que hay que ver cómo soy, que siempre veo el vaso medio vacío, que pa como está la cosa ya podría darme con un canto en los dientes y no sé ni cuántos topicazos más.

Y yo, qué quieres que te diga, ya no puedo más. Estoy harto de la buena prensa que se hacen unos a costa de otros, de los más vulnerables, de los más currantes, de los que trabajamos de día, de noche y cuando haga falta. Si es que siempre había pensado que este trabajo está muy mal pagado, que yo en 5 km de trayecto hasta le saco un perfil psicológico a la gente, les analizo los sueños y les adivino las frustraciones y las infidelidades, y todo eso sin cobrar más, solo lo que marca el taxímetro. Así que a mí nadie me va a decir cuánto vale mi trabajo los días de las fiestas del pueblo, a mí no me van a decir ni el alcalde ni la concejala lo que yo tengo que cobrar en mi taxi, ni los descuentos que tengo que hacer. No, señor.

Por eso mismo yo estos tres días no trabajo, porque no me da la gana de seguir pareciendo un esclavo y de atajar las órdenes vengan de donde vengan y sin que nadie me haya pedido mi opinión, sin que se molesten en saber si doy mi consentimiento. Yo este año me visto de moro o de cristiano, lo mismo me da, y cuando esté hartito de vino que no pueda más ya cogeré el taxi de otro y le daré la brasa por un 20% menos, a ver qué le parece.