Si aún no lo has hecho, lee primero “Soñar en Madrid” http://www.fotoletreo.com/2014/11/02/sonar-en-madrid/

Anoche tuve la cena de Navidad con mis compañeros de trabajo. ¡Qué juerguistas todos! Claro, como yo hasta el otro día vivía en un pueblo chiquitísimo pues, marchas, marchas, pocas. Me lo pasé estupendo. Comimos en un italiano, pero en un italiano de verdad, con cocinero italiano y camareros italianos y cerveza italiana. La pasta estaba al dente y todo, qué lujo, ¿verdad?

Después de la cena nos fuimos a bailar. Copa va, copa viene. Bailábamos en grupo, pero también en pareja. Yo bailé con Juanma, ese del que ya le hablé, al que le caigo bien porque dice que de rara soy graciosa. Tengo ganas de decirle un día: “ayyyy, Juanma, si tú supieras”, pero bueno, por ahora me quedo calladita, ni el alcohol me hace lanzarme. No paramos de reírnos, aunque, si le digo la verdad, había algunos que se reían por reírse, por que los demás no fuéramos ni a pensar que no lo estaban pasando bien. Con Juanma hasta me hice un selfie de esos. Me pasó la foto por whatsapp y me puso el emoticono ese que tiene corazones en los ojos. Eso, doctor, ¿eso exactamente qué significa? No sé cómo interpretarlo, la verdad.

A mí, lo que me gustaría, es soñar con Juanma, porque claro, en los sueños no elegimos, somos como somos. Que te haces un selfie, pues te lo haces y le dices al otro que te vas a pasar todo el día mirando la foto. Que Juanma me dice que qué rara soy, pues yo le suelto que si él supiera y, luego, pasaría lo que desde hace tiempo tengo ganas de que pase, que para eso es mi sueño. Bueno, y todo esto para decirle que después de la fiesta me acosté muy tarde, a las ocho o algo así.

Como usted comprenderá, a esa hora solo hay en la cama tres clases de personas: los ricos, los parados y los gandules. Las dos primeras horas fueron un rollo. Imagínese al vecino de la izquierda. No, al de los niños no, al otro, que es un señorito, ¡la conversación que tenía con el de abajo, que está parado! Uno fardando de su coche, de sus vacaciones, de las putas con las que se iba… y el otro desesperado ya de buscar trabajo, que ni en sueños descansaba el pobre, pero que nada, que no le salía nada. El gandul que había por allí, en realidad, no es que fuera gandul de verdad, es que es estudiante y le tocó el turno de tarde, así que, pudiendo levantarse a la hora que le da la gana, ¿para qué va a madrugar, el pobre?

Pues esta gente no tenía otro sitio donde reunirse que en el patio ajardinado que tenemos en el centro del bloque, qué tíos, ¿no? Aún bajo los efectos del alcohol salí a la ventana a mandarlos a la mierda y a decirles que si no tenían otro sitio, que había gente que lo había dado todo por la noche y que quería descansar, que se fueran a polemizar al salón de su casa. Y me parece que así lo hicieron, porque al rato empecé a oír la música justo en el salón de arriba. Dios mío, solo a mí se me ocurre darles ideas.

Menos mal que esta gente más tarde de las once no se levanta, así que fueron desapareciendo uno a uno. Y ahí es donde quería llegar yo, doctor. ¿Sabe usted lo raro que es dormir sin que a una se le cruce nadie? Bueno, me imagino que sí, porque según dice soy la única a la que le pasa esto. Pues empiece a buzonear en mi bloque para que vea cómo le aumenta el número de pacientes.

Como le estaba diciendo, a eso de las once más o menos, cuando esta gente ya estaba despierta, por primera vez desde que esto me está ocurriendo, no había nadie en mi sueño. Al principio me asusté un poco y me levanté y busqué por toda mi casa, pero no, no había nadie. Me sentí un poco rara, creo que me sentí sola. En el fondo, aunque mis vecinos me resulten un rollo, me gusta cruzarme con sus sueños. Me gusta esta especie de viajes astrales que hago sin moverme de mi casa.

Cuando me di cuenta de que todos estaban despiertos me dormí aún más profundamente, pero con una cierta sensación de intranquilidad. Luego, poco a poco, las cosas que tengo en mi cuarto fueron desapareciendo. Todo menos la cama, claro está, tampoco se crea usted que esto es algo paranormal y que yo me iba a quedar durmiendo y flotando en el aire. El armario empotrado, por razones evidentes, también se quedó en la habitación. El susto del principio se me fue pasando y me quedé profundamente dormida, fíjese que no tuve ningún sueño. Tenía la mente en blanco, por mucho que ustedes, los loqueros, digan que eso es “científicamente” imposible, permítame el entrecomillado.

La verdad es que me gustó, me sentí… a ver cómo le digo para que lo entienda… como en un anuncio de compresas. Eso sí, yo ya no vuelvo a irme a la cama con más alcohol que sangre corriéndome por las venas, por mucho que no conduzca y no tenga carné.

En el fondo y, aunque esta sea mi tercera sesión y no nos conozcamos como para que yo le cuente mis intimidades, tengo que decirle que me he acostumbrado a las interferencias con los sueños de mis vecinos. Incluso me gustan.