Me arrancó las metáforas. También se llevó el sofá y el colchón de látex que habíamos comprado. Desde entonces me duele la espalda: no tener ni cama ni sofá no es recomendable. Duermo en el suelo, sobre una gomaespuma que le compré al tapicero (parece mentira, lo sé, aún existen tapiceros). Ahora el corazón me queda más cerca del suelo, qué extraño, creo que corazón y mente nunca se habían encontrado simultáneamente a tan bajo nivel en un solo cuerpo. Cabeza vacía y corazón roto. Al menos no he perdido el sentido de la burla. El mundo, aunque sigue girando sin ella, me ofrece un futuro sin metáforas. No sé cómo lo hizo, en lugar de dejarme sin palabras, me dejó sin metáforas, todo un castigo. Qué dolor. Qué vacío en el pecho. En mi repertorio solo encontraré metáforas gastadas: tus cabellos son oro, tus ojos dos luceros, tus dientes perlas y tu piel blanca como el algodón. ¿Cómo va a sobrevivir un poeta frustrado con estas metáforas de libro de texto? Si ella está en la flor de la vida, mi dolor no ha cicatrizado aún y sé que ya no volveré a tocar el cielo con las manos.