En Radio Nacional sonaba Your Song de Elton John mientras la exministra Carmen Garmendia explicaba que cuando empezó a salir con su marido él le grabó una cinta de noventa minutos solo con esa canción. “¡Ay, si hasta los políticos tienen su vida y sus historias de amor!”, suspiró Claudia. Tras la entrevista vino el Parlamento Ciudadano: que si el paro, la sobrecualificación de los jóvenes, la corrupción, el precio del gasoil… Mientras oía la radio recogía la habitación haciéndose la misma pregunta una y otra vez: ¿dónde pasó Marcos la noche? En las últimas semanas salía muchos días con sus amigos hasta la madrugada, otros incluso llegaba al amanecer, pero lo de hoy había sido demasiado, hoy había llegado cuando ella ya estaba exprimiendo las naranjas para el zumo. Nada más entrar por la puerta la saludó y se fue corriendo a la ducha sin dar ninguna explicación. Desde la habitación ella oía cómo él empezaba a afeitarse con la máquina. Marcos solo quería quitarse ese otro olor, el olor de Rosana. Cómo decirle a Claudia que la engañaba con Rosana desde hacía meses, que no salía de marcha con sus amigos sino que pasaba esas noches con ella, cómo decirle que no la quería, que lo suyo estaba acabado desde hacía casi un año, que no, que él no quería un hijo, ni viajes programados, ni que fueran de rebajas. Él no quería nada, solo quería a Rosana. El cuerpo de Rosana, la voz de Rosana, la cama de Rosana, las piernas de Rosana. Entonces ella pasó al baño para colocar las toallas y cuando sus miradas se cruzaron en el espejo él le dijo “Tu hermana no va a poder quedar esta tarde contigo porque le cambiaron el turno en el curro”, “¿y cómo sabes tú eso?” fue a replicarle ella, pero no pudo acabar la frase, se quedó quieta, con una mueca de horror y, en ese momento, lo entendió todo. Hacía tiempo que ella sentía que Marcos ya no la quería, tenía la corazonada de que él tenía una amante, de que sus noches ausentes y sus horas extras en el trabajo no eran más que excusas que encubrían una mentira. En el fondo hacía tiempo que sabía que todo se había acabado, que no estaba viviendo más que los resquicios de lo que ella pensaba que era amor. Sabía que él no se entregaba, que no le daba todo, que estaban viviendo de las sobras. Pero nunca, nunca, hubiera imaginado que la causa de su desesperación, de sus preguntas sin respuesta, de sus noches en vela fuera su hermana mayor. Rosana, la que la había cuidado siempre, la que le había dado ejemplo, la que le dijo “Claudia, este novio tuyo es un pájaro de mucho cuidado”. Tiró las toallas al suelo, se dio media vuelta y salió corriendo de su casa. Marcos no supo qué hacer, se quedó dubitativo. Cuando se decidió a salir detrás de ella, el frenazo que se escuchó desde la calle le advertía de que ya era demasiado tarde.